¿Fast life vs. slow life?

El objetivo de este artículo es impulsar el desarrollo del manejo del estrés.

 

Hoy más que nunca, el individuo moderno vive sumido en una particular carrera de obstáculos en la que controlar el cronómetro hasta la milésima, determina nuestra existencia. La prisa es el motor de todas nuestras acciones y la cinética de grand prix envuelve nuestra vida acelerándola, economizando cada segundo, rindiendo culto a una velocidad que nos aleja de una actitud pausada, bien razonada y segura.

La clave reside en un juicio acertado de la marcha para cada momento de la carrera diaria. Los conceptos de fast food, fast life, fast school, nos ha llevado a promover un ritmo de vida generador de stress y carente de calidad de vida. Para todos los que de pronto nos detenemos a hacer una evaluación del manejo del tiempo, existe una contraposición a esta cultura rápida llamado “movimiento lento” que retoma el valor del tiempo y deja a un lado el stress innecesario en el ámbito personal y laboral.

Les comparto una lista que podrá ayudarle a identificar si usted vive una rutina que le ayuda con el manejo del estrés o más apegada al slow life*:

  • Respeta sus horas de sueño. Duerme lo necesario. El sueño es para usted una actividad reparadora psíquica y física por excelencia.
  • Ingiere una dieta con alto contenido en frutas y verduras y bajo contenido en grasas.
  • Practica algún hobby que le da tranquilidad, como yoga, pintar, escribir, escuchar música, cultivar una huerta, etc..
  • Realiza actividades  físicas moderadas como caminar o nadar por lo menos tres veces a la semana.
  • No satura su agenda de actividades.
  • Realiza una actividad a la vez, no varias al mismo tiempo.
  • No mira el reloj a cada rato. Los fines de semana no pone su despertador, sino se levanta a  la hora natural «solicitada» por su organismo.
  • Come despacio, mastica y saliva muy bien los alimentos ante de tragarlos.
  • Prepara sus alimentos tranquilo/a, sin hacer otra cosa a la vez, como mirar televisión. Disfruta de una conversación si está comiendo junto a otras personas, en caso contrario, disfruta de la soledad pacíficamente.
  • Deja tiempo en su agenda diaria para estar con personas que usted quiere o realiza actividades que le generen placer.
  • Conoces  tus valores.  No quedas atrapado en una multitud de opciones que diariamente se te presentan.  Aprovechas tu día reconociendo qué es realmente importante para ti, de manera que no te distraes tomando decisiones sin importancia.

El tiempo es complejo de entender, en el ámbito profesional y en el personal, requiere un manejo distinto  en cantidad y calidad.  Cómo mantener ese equilibrio, es uno de los retos más grandes que tenemos hoy en día, y para entenderlo se requiere tiempo de calidad.

*El movimiento Slow tiene su génesis en la Plaza de España romana, en el año 1986. Su nacimiento es indisociable de cierta actitud contestataria en clara oposición a la americanización de Europa. Cuando el periodista Carlo Petrini se topó con la apertura de un conocido establecimiento de comida rápida en este enclave histórico de la capital italiana, algo se removió en su interior. Definitivamente, se habían traspasado los límites de lo aceptable y entendió, de forma casi visionaria, los peligros que se cernían sobre los hábitos alimenticios  de la población del  viejo continente, ofuscado en imitar el tempo vital marcado al otro lado del Atlántico. La respuesta no se hizo esperar, fundándose la semilla del movimiento: Slow Food.
La idea era simple, proteger los productos estacionales, frescos y autóctonos del acoso de la comida rápida y defender los intereses de los productos locales, siempre en un régimen sostenible, a través del culto a la diversidad.  Tras Slow Food, aparecerían nuevas aplicaciones a otros ámbitos esenciales de nuestras existencias como el sexo, la salud, el trabajo, la educación o el ocio que acabarían por conformar las áreas de influencia del movimiento Slow. 

 

Por Pamela Villanueva Arredondo

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